El lector acepta la erudición solo después de entender el destino del texto. Yo no logro esa precaución metodólogica elemental. Antes de aducir referencias, el lector debe saber de qué voy a hablar, qué quiero demostrar, por qué debería importarle. Si no, entra en “modo supervivencia”, en colosal aburrimiento y fatiga. El lector necesita firmar un contrato mental. Sin contrato, la erudición parece gratuita. Un amable crítico lo dijo muy bien: no se sabe dónde tengo el norte. La erudición sin norte se percibe como exhibición (con su obvio correlato psicológico) Con norte, se percibe como argumento. Más ideas y menos erudición, susurra un instinto autocrítico. Mi técnica es nefasta.
Cabaleiro 170
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura. Ver todas las entradas de christiansanz71
