Cabaleiro 170

El lector acepta la erudición solo después de entender el destino del texto. Yo no logro esa precaución metodólogica elemental. Antes de aducir referencias, el lector debe saber de qué voy a hablar, qué quiero demostrar, por qué debería importarle. Si no, entra en “modo supervivencia”, en colosal aburrimiento y fatiga. El lector necesita firmar un contrato mental. Sin contrato, la erudición parece gratuita. Un amable crítico lo dijo muy bien: no se sabe dónde tengo el norte. La erudición sin norte se percibe como exhibición (con su obvio correlato psicológico) Con norte, se percibe como argumento. Más ideas y menos erudición, susurra un instinto autocrítico. Mi técnica es nefasta.

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