Cabaleiro 171

La historia es maestra del hombre. Tras la caída de Isabel II, España entra en un periodo frenético de gobiernos, conspiraciones, escándalos y cambios de régimen. Dominan las intrigas palaciegas y militares, se respira una sensación de “Estado sin timón”, un claro desprestigio del Parlamento y de los partidos, y un contexto sombrío de guerra en Cuba, guerras carlistas y crisis económica. El clima de la época está lleno de palabras como desorden, corrupción, desgobierno, facciones. No tan lejos del actual régimen de supervivencia.

También recuerdo -lo viví- el final del felipismo, con una alucinante acumulación de escándalos (GAL, Filesa, Roldán, fondos reservados, guerra sucia contra ETA, financiación irregular etc.)

Mutatis mutandis, evocan esos momentos al nuestro. Acaso sea hipérbole; pero el gobierno ‘Frankenstein’ —coalición de retales— ha producido la pérdida de fe en la ley: la ley sigue existiendo, pero la gente cree que ya no rige realmente.

Corte de favoritos, intrigas palaciegas, escándalos sexuales, enriquecimientos ilícitos, justicia manipulada, pueblo impotente, sensación de decadencia moral. Este es un patrón de corrupción fijo ya descrito por Tácito. La forma cambia; el olor permanece.

Deja un comentario