Cabaleiro 175

Las cosas y escenas de la vida corriente son como sueños de los que raras veces despertamos. No hay certezas para distinguir el sueño o la alucinosis de la vigilia. Lo cotidiano es un misterio, una burda tramoya en su representación y convincente en su hechizo. Borges lo supo: la realidad no es siempre probable o verosímil. O, más actual, Nick Bostrom: “Es posible que estemos viviendo en una simulación informática”.

La hipótesis digital no hace sino actualizar una sospecha muy antigua: que lo real es relato. Un autor medieval lo expresó con audacia. Petrus Insanus Coloniensis (Pedro el Loco de Colonia) habría nacido hacia 1210 en las cercanías de Colonia, en el Sacro Imperio. Estudió artes liberales en París hacia 1230, en pleno auge del aristotelismo latino. Allí entró en contacto con corrientes averroístas y con debates sobre el intelecto único, la imaginación y los sueños. Su obra principal, hoy perdida, se titulaba: «De Deo Febricitante et Mundo Delirante», »Sobre el Dios febril y el mundo delirante».

El tratado habría sobrevivido solo en fragmentos citados en un florilegio dominico del siglo XIV (Collectio Sententiarum Mirabilium), donde aparece como ejemplo de opiniones temerarias, pero ingeniosas. Su tesis central: el mundo no sería creación perfecta, sino fantasia febril surgida de la enfermedad divina. A él se le atribuye este fragmento: «Mundus iste non est opus artis sed aestus; / non opus consilii sed vaporis. / Deus, cum febricitet, somniat formas, / et somnia eius vocamus naturam» (Este mundo no es obra del arte sino de la fiebre; no es obra del designio sino del vapor. Cuando Dios tiene fiebre, sueña formas, y a sus sueños los llamamos naturaleza».

El mundo es como un sueño, una ilusión, una burbuja, una sombra… así debe ser contemplado. Heráclito: “Para los despiertos hay un mundo común; los que duermen se vuelven cada uno hacia su propio mundo” (fr. B89 DK) Una frase brevísima pero devastadora: el sueño ya es un mundo completo.

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