Cabaleiro 182

Una tradición política concreta —revolucionaria, utópica o redentorista— ha tendido históricamente a someter la libertad individual. La clave está en entender la lógica interna de los proyectos “mesiánicos”, una forma secular de la idea religiosa de salvación. En este marco, la política deja de ser gestión imperfecta de conflictos e insensiblemente pasa a ser empresa de redención histórica. De ahí los múltiples encontronazos con la libertad individual.

La libertad individual implica pluralismo de valores, conflicto permanente, imperfección irreductible y diversidad de proyectos vitales El mesianismo, en cambio, afirma que existe un estado final correcto de la sociedad. La consecuencia es conocida: muchas preferencias pasan a ser “alienadas”, muchas elecciones “incorrectas”. Y el corolario termina por asomar: nuestras vidas serían, en el fondo, falsas.

Cuando la libertad se vuelve sospechosa, la tentación de corregirla aparece como deber moral. De diseñarnos y programarnos a aniquilarnos, a veces hay solo un paso sutil. Lo ha verificado la historia del siglo XX.

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