Cabaleiro 191

Según Karl Kraus, un ensayista, un polemista y provocador nato que detestaba las imposturas del lenguaje y muchas otras cosas más censurables en aquella Viena suya que era testigo angustiado del fin de un imperio y el comienzo de un período estremecedor de inseguridad, muerte y horror.

La prensa, argüía, produce contenido por necesidad industrial, no por necesidad genuina de verdad. Distorsiona inevitablemente la realidad, corrompe el lenguaje y confunde la importancia con lo novísimo. También, desde su atalaya en «Die Fackel», formuló una idea muy moderna: «El periodismo es la organización del olvido», es decir, la actualidad permanente destruye la memoria histórica.

A mi juicio, leer las noticias significa algo casi opuesto a entender el mundo. Lo que admito es que sin la fiscalización de una prensa libre crece el abuso y aumenta la corrupción. Verificar, explicar -no meramente opinar-, jerarquizar, mimar el idioma, son propiedades irrenunciables de un buen periodismo.

Estamos inmersos en un periodismo industrial acelerado y lingüísticamente descuidado y esa lógica termina degradándolo. Defendamos una prensa lenta, jerárquica y responsable con el lenguaje.

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