Edgar Malcolm Stroud nació en 1934 en Salford, cerca de Manchester. Hijo de un revisor de tranvías y de una costurera aficionada a las novelas sentimentales. Creció leyendo revistas pulp, seriales de detectives y ciencia ficción barata comprada en mercadillos ferroviarios.
Estudió Filología Inglesa en Leeds, pero nunca terminó la tesis sobre Sterne que había empezado con fervor juvenil y creciente irritación. Confesaba que Tristram Shandy le producía “una mezcla de admiración y fatiga muscular”.
Durante los años 60 trabajó como redactor publicitario, crítico ocasional de televisión y columnista deportivo (era devoto del Manchester United de Busby). Publicó reseñas incendiarias contra la “prosa marmórea” de ciertos modernistas.
En 1982 lanzó su panfleto-manifiesto “Long Live Pop Literature!”, que se convirtió en libro de culto entre lectores jóvenes hartos de la solemnidad universitaria. Fue traducido al alemán y al italiano, pero ignorado por la academia británica. En 1987 publicó la segunda parte del libelo original: “It’s Rubbish… BUT I LIKE IT!”
La tesis central que defiende es que la alta cultura se ha convertido en una industria moral de prestigio. La literatura popular, en cambio, conserva el placer. Allí escribió: “High culture is often nothing but slow reading performed for social applause», «La alta cultura no es a menudo más que una lectura lenta ejecutada para el aplauso social». “If you need footnotes to feel superior, you are already intellectually bankrupt”, «Si necesitas notas al pie para sentirte superior, ya estás en bancarrota intelectual». “Intellectual density is often a polite synonym for boredom”, «La densidad intelectual suele ser un sinónimo educado de aburrimiento. «Television taught me more about rhythm than Thomas Mann ever did”, «La televisión me enseñó más sobre ritmo que Thomas Mann».
Murió en 1997 dejando una repitación ambigua. No pocos críticos posteriores lo han considerado un precursor del giro cultural que legitimó la cultura digital a partir del 2000.
