Charles 1

Tras jornadas maratonianas de escritura durante seis años (algunas de hasta 21 horas), por fin acabé mi decalogía. Así es, en quince o veinte días se publicarán «Ad hominem», «Naufragios» y «Manga por hombro». Mi editorial cierra, así que no habrán más. Ya escribí lo suficiente. Siento una satisfacción profunda, silenciosa, casi secreta. Se justifican días y noches enteras de esfuerzo, de soledad y de renuncia.

Mis libros no resistirán la inclemencia y severidad del tiempo, pero creo -acaso me engañe- que añadí algo, por pequeño que sea, al tesoro común del espíritu humano. Toda obra es una victoria contra el caos interior y contra la furia destructura del universo. Mis libros no interesaron a nadie, pero, permítanme un orgullo sobrio, sin ostentación, un orgullo casi culpable por ellos.

Todo lo que he escrito desaparecerá. El Tiempo es un editor que rechazará mis libros. La posibilidad de sobrevivir es demasiado ínfima para ser real. Todo lo devora la historia. Leopardi: “Todo pasa. Los pueblos, las lenguas, los libros. La posteridad es un nombre vano para designar la misma indiferencia que nos rodea ahora. El hombre escribe como quien arroja una botella al mar, sabiendo que quizá nadie la encuentre. Y aun si la encuentran, el mar seguirá siendo más vasto que cualquier palabra”.

Gracias, y hasta siempre.

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Quien ha cumplido su tarea puede abandonar la vida con serenidad, como un invitado que se levanta de la mesa satisfecho, sin ansiedad por los platos que no probó. Mi destino está cumplido La obra hecha. Si puedo decir que he empleado mis talentos del mejor modo posible, puedo estar satisfecho. Obré conforme a mi naturaleza, seguí mis secretos designios.

Cuando uno ha hecho lo que ha podido, cuando ha dado lo mejor de sí, puede aceptar el final sin miedo. Cuando todo ha sido entregado, nada queda por temer.

Deseo un puerto tranquilo tras la larga travesía. Leer, releer sobre todo, estar con mi hermana y ver crecer a mi sobrina. El recuerdo de los bienes vividos es una riqueza que nadie puede arrebatar. Puedo sentarme en silencio y contemplar mi vida; ni la envilecí ni la malgasté. El día termina y la sombra cae. Es hora de los días tranquilos e iguales. Todo lo vivido fue necesario. Hora es de la retirada.

La escritura termina. Comienza el silencio. Hazte uno con el resplandor de la luna. Es hora de callar, Christian.

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He levantado un monumento menos duradero que la arena, mucho menos alto que las pirámides reales; lo destruirá la lluvia voraz y el Aquilón furioso, morirá bajo la égida de la innumerable serie de los años y la fuga del tiempo.

Moriré del todo, y toda la parte de mí será anegada bajo la diosa de la muerte. Pero no temo la brevedad de tiempo. Cumplí mi tarea. El verdadero destino es haber transformado la vida en obra. Después de una larga vida de trabajo intelectual, siento que he cumplido mi obra.

«Nihil est enim labore et industria dignius. / Qui autem ita vixerit ut opus suum perfecerit, / is ad mortem non tamquam ad interitum, / sed tamquam ad portum accedit», Cicerón. «Nada hay más digno que el trabajo y el esfuerzo. Y quien haya vivido de modo que haya completado su obra se acerca a la muerte no como a la destrucción, sino como a un puerto».

Saludo a todos mis amigos. Ojalá puedan ver el alba tras esta larga noche

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