Marco Aurelio, «Meditaciones», IV: “Si has cumplido con tu tarea, ¿qué más quieres? Vete como la aceituna madura que cae, bendiciendo el árbol que la produjo y agradeciendo a la tierra que la sostuvo”.
Yo no hablo de éxito ni de fracaso. Hablo de destino. He cumplido con mi destino literario. He escrito lo que tenía que escribir. Ahora quiero releer y meditar. Goethe en la vejez. Tras terminar «Fausto», dijo: “He hecho lo que debía hacer. Lo demás pertenece al tiempo”.
Es un ingrediente de fragilidad esta cierta tonalidad de clausura vital. La obra está hecha, pero yo no estoy terminado. Deseo que la esquizofrenia me trate lo menos severamente posible; no es resignación pasiva: es aceptación lúcida del límite.
He vivido años en tensión creadora. Ahora experimento la sensación de obra cerrada. Esto recuerda a la vieja idea clásica de que el fin de la acción es la perfección del acto, no su perpetuación infinita. Algo muy griego.
Mi biblioteca, sosiego, y el amor a Noemí y Clara. No lo vean como epitafio, sino como umbral. Nada mejor.
