Charles 11

DE VITA CAESORUM

Yo, Christian Sanz, decido morir.
Quién dice que el helado camino del suicidio,
misterioso y profundo,
sea tan solo desesperación o cobardía.

Reiné en China, en noches de lagos risueños,
en amaneceres con maniquís y coristas,
con tibia luz de linterna en los labios.
Escribí, aunque destinada al olvido,
una obra meritoria. Medité
bajo los porches del arcoíris.

E incluso no me venció del todo
el huracán de la locura
¡Basta!
Arribé a Ítaca sabio de lo vivido;
que mi último espasmo
dibuje el hermoso rostro de mamá y Noemí.

No es triste abandonar a voluntad la vida
como no son tristes las calles azules
de Barcelona o los madrigales
rebosantes de agua.

Un último gesto definitivo.
Se rinde solo mi inteligencia.
Adiós, queridos.

Las piezas del tablero en orden.

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