BORGIANA
Qué placer leer a Borges -juego,
inteligencia y destino-, esta tarde medrosa de marzo
mientras siento el gin con cerveza en mi boca
mezclándose con el humo del cigarrillo denso.
Leer a Borges es un conjuro a destiempo, un frágil capricho
en mitad de este anti-ilustrado mundo. Me divierte. Con ese brillo
de hielo al sol de su ingenio, con la prosa
como un cronógrafo en el acíbar de las imaginaciones.
Pasas los ojos por las páginas
y ves pasar el mejor de los mundos posibles, o te contempla
la puerta de San Giacomo, con su mármol blanco y rosa.
Dejas de leer. Se ensombrecen techos artesonados,
y un tropel de ángeles se acurrucan en tu corazón.
Leer a Borges. Un despliegue de tesoros
colgados en las luces vivas del crepúsculo.
