Borges fue un escritor de inteligencia extraordinaria, un cráneo único y privilegiado, pero también el creador de una literatura casi sin cuerpo. Sus cuentos son máquinas conceptuales perfectas, pero a menudo se diría que en ellos falta la temperatura humana. Carecen de sudor y lefa. Murió -estoy seguro- virgen y sin saber a qué sabe la leucorrea.
Juegos combinatorios algebraicos donde el cociente intelectual sustituye a la vida. Un victoriano cerebrotónico y reprimido. Escribe como si viviera dentro de una enciclopedia. Frío, gélido. En su obra no sale ni una vez la palabra «cunnilingus».
La música de Schoenberg parece escrita para una humanidad que ya perdió el oído. El ingenio usado para producir toneladas de basura y aburrimiento. En el fondo nadie desea escuchar esa música y todos la detestamos. Música sin melodía, sin armonía y sin oyentes. Verdi es el músico que más me gusta. No puedo soportar a Palestrina. Estoy completamente de acuerdo con Nietzsche: se repite una y otra vez. Esta mañana oí «Don Pasquale» ¡Qué buena es y qué poco se escucha! Si Donizetti escribió cosas de baja calidad, yo no las conozco. «Lucia» y «Don Pasquele» son simplemente extraordinarias.
La obertura de «Totentaz» es muy buena (la silbo mentalmente) Creo que Hofmannsthal es el único libretista que se puede leer sin acompañamiento musical. Los libretos de Da Ponte tampoco están tan mal. La «Sinfonía italiana» realmente es una música muy pretenciosa. Y Don Giovanni es una especie de homosexual. Se sabe: la prosa de Wagner me parece un tostón aburridísimo. Escribía como el culo. No se percibe mucha humidad que digamos.
La sintaxis de Joyce, si bien se mira, es bastante sencilla. Rilke es demasiado «schöngeistig»; yo prefiero a Catulo. Si tuviera hijos los educaría como arquitectos o matemáticos, nunca como escritores. Así se acostumbrarían al pensamiento honrado, a la moral seria. Gide -muy infantil- cuando se iba con aquel chico árabe, se para y dice: «Que le sable était beau!». Francamente queridos, uno no puede decir eso en tales circunstancias, está «ausgeschlossen».
Casi todos los autores españoles vivos que leo me cansan. No tienen «solidité», y, por cierto, y no creo que me desmientan, La Rochefoucauld me importa un pimiento; dice lo que cualquiera supo siempre ¿Montaigne? Un infeliz, aunque se empecinara en negarlo.
Desde la época de Lope nuestro idioma empezó a decaer, a entrar en tinieblas tabernarias. Todos los escritores del XVIII y el XIX están gagás. Me sorprende que guste Galdós. O el tahonero Baroja. Las escritoras de aquí, fofas y feúchas, carecieron de cualquier atractivo sexual. Soy básicamente un escritor anti-español. Mis ambiciones son entrar en la historia de la literatura francesa y en el Oxford English Dictionary -que me citen por haber incorporado algún nuevo vocablo.
A lo mejor dejo de escribir en español, lengua emperifollada y sarnosa, y escribo únicamente en catalán, ese gran idioma «glassé». Ya veremos.
