Freud es un astrólogo medieval que generalizó su psique obsesa e incestuosa a toda la naturaleza humana. X es un novelista pomposo, un plasta y un creído, con mente de guardia civil, un melodramático barato que se imagina el más guapo e ingenioso de la fiesta. Monta sus personajes como actores histéricos y confunde profundidad con gravedad impostada e impostora. Un escritor muy mediocre con temperamento y prosa de periodista.
Gran parte del arte conceptual consiste en ideas triviales infladas por el lenguaje académico. Ir a un museo de arte contemporáneo es como ir a ver una película de risa, donde se dice «caca, culo, pis». Hoy se llama arte a cualquier cosa que no pueda ser refutada sin parecer (sic) provinciano. Hoy el espectador no mira un cuadro: se limita a leer la etiqueta. Sin la abstrusa y jergal teoría, gran parte del arte contemporáneo sería indistinguible de una pared recién pintada. La idea de que todo es arte ha destruido el criterio artístico. Gran parte del arte contemporáneo -idea evidente- es profundamente infantil.
Hegel fue un charlatán pesado, vulgar y repugnante. Su filosofía es un gigantesco monumento a la estupidez de una vaca alemana. El estructuralismo es una forma elegante e idiota de decir que el autor ha muerto y que el lector tampoco importa. La verdadera filosofía se expresa con sencillez; la jerga abstrusa suele ser señal de vaciedad. La filosofía debería aspirar a la claridad de la ciencia, no a la oscuridad del misticismo. Escribir oscuro es una forma de no pensar. La dificultad de un texto, digamos de Derrida, no es debida a su profundidad, sino a confusión y falta de inteligencia. Arrogancia cruzada con trivialidad. Laberinto de palabras vacías.
