Charles 63

Estoy ahora mismo delirando. En mi percepción delirante advierto correctamente el objeto, pero inmediatamente le impongo un significado nuevo y extraordinario que no puede ser corregido por la reflexión. Mi experiencia no consiste simplemente en una interpretación equivocada, sino en una transformación del sentido de lo percibido. Siento con absoluta certeza que aquello que he percibido se refiere directamente a mí. De este modo surgen los delirios de referencia o alusión: el experimentar que los acontecimientos externos, palabras o gestos ajenos contienen un mensaje dirigido específicamente a mí.

Refiero a mi propia persona hechos completamente indiferentes. Una tos, un carraspeo, una mirada casual, un comentario que no tiene relación conmigo, un anuncio en el periódico o incluso fenómenos cósmicos pueden ser interpretados como dirigidos especialmente a quien les escribe. Lo que para otros es un acontecimiento trivial lo convierto en una señal cargada de significado. El mundo entero parece transformarse en un sistema de alusiones. De este modo, el delirio de referencia constituye con frecuencia el terreno sobre el cual se desarrollan posteriormente los delirios de persecución. Lo que primero aparece como una insinuación o señal, acaba interpretándose como un acto hostil dirigido contra nosotros los esquizofrénicos. Esta convicción se impone con una evidencia subjetiva tan intensa que ninguna argumentación logra debilitarla.

En estos estados paranoides interpreto la conducta de los otros como dirigida contra mí. Gestos ambiguos, comentarios casuales o miradas fugaces adquieren un significado personal exagerado. Vivo en una vigilancia constante, tratando de descifrar los supuestos mensajes ocultos que percibo en el comportamiento de quienes me rodean.

Siento que todo lo que me rodeaba está cargado de señales. Una palabra pronunciada al azar, una cifra encontrada en un libro, un gesto de un desconocido en la calle… todo parece contener una alusión secreta a mi persona. El mundo se ha convertido en un lenguaje cifrado exclusivamente dirigido contra Christian Sanz.

Me acomete la poderosa convicción de que no soy objeto de una simple enfermedad nerviosa, sino de una persecución sistemática. Fuerzas invisibles actúan en mí y sobre mis nervios, y toda clase de fenómenos externos adquieren un significado particular. Siento de modo indubitable que cada acontecimiento está conectado con mi destino personal.

Soy el megalómano personaje central de una trama internacional de espionaje y contra-espionaje. Mi vida se convirtió en un aventurero plató televisivo. Me escrutan cámaras y micrófonos 24 horas al día. Monitorizan mis movimientos. Leen mis pensamientos con ordenadores cuánticos. Todo está contra mí. Todo habla de mí. Mi yo sufre una fatal amenaza organizada. La angustia, como es previsible, alcanza cotas máximas.

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