Charles 72

Hondo deseo de “convivir con los mejores” y dejarme de beodos tabernarios y paletos; ya Proust, Nietzsche u Oscar Wilde vieron en la elegancia social y estética algo más que lujo: una forma de afirmación cultural frente a la mediocridad. Tengo hambre de excelencia, de estilo y de mundo.

Tengo gustos muy sencillos: me conformo siempre con lo mejor.

El lujo no es una necesidad para los ricos, sino para quienes poseen imaginación. La verdadera vulgaridad consiste en carecer de estilo; en cambio, la elegancia —en el vestir, en la casa, en la conversación— es una forma de arte. El hombre que cultiva la belleza y la refinación crea a su alrededor una atmósfera donde la vida se vuelve más intensa y más interesante (Wilde)

Hambre de relaciones de lujo y de las relaciones de lujo que rodean a los objetos. Un café elegante, una conversación cultivada, un gesto lleno de estilo, valen más que cualquier fortuna. Anhelo esa perfecta aristocracia: rodearse de belleza, inteligencia y sensibilidad.

Donde vivo no existe un suelo de riqueza, ocio, bibliotecas y museos. Aquí el lujo intelectual es una especie de pecado mortal. El mediocre no se irrita por la grandeza; simplemente no la ve. Porque la mediocridad tiene una ventaja: siempre está muy bien acompañada. La inteligencia inferior no percibe lo superior, como el sordo no percibe la música. Cuesta en estas montañas ser un creador, un escritor, un noble de gusto y opiniones, cuesta la cortesía del espíritu frente a la grosería universal. No hay lujo en el lenguaje, ni en los muebles, ni en las telas, ni en las cabezas. La escenografía representa un ruralismo pobre y hortera y muy rapaz. No se dispone de tiempo para pensar, leer o conversar. Nadie entiende mi vida dedicada al lenguaje.

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“La estupidez humana es una de las fuerzas más poderosas del mundo. Es compacta, tranquila, satisfecha de sí misma. El imbécil está convencido de que posee razón y buen gusto; y esa convicción es lo que lo vuelve invencible. Nada hay más peligroso que la mediocridad que se cree inteligente”, Flaubert.

“La mediocridad es el mayor peligro para la humanidad. No odia, no crea, no destruye: simplemente nivela. Donde domina el hombre mediocre, todo lo elevado se vuelve sospechoso y todo lo vulgar se convierte en norma. El mediocre llama exageración a toda grandeza”, Nietzsche.

“En el mundo hay más gente que se cree inteligente que gente inteligente. La mediocridad es el estado natural de la mayoría; lo sorprendente no es encontrarla, sino encontrar algo que la contradiga”, Chamfort.

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