Charles 87

(A la manera de los clínicos)

Estoy completamente paranoico, se sospecha y vocea. El delirio de persecución no aparece de manera brusca. Se inicia con interpretaciones erróneas de hechos reales. El sujeto empieza a sospechar de quienes le rodean. Poco a poco cada acontecimiento se convierte en prueba de una hostilidad oculta. Se cree espiado, seguido, traicionado o víctima de intrigas. Al principio intenta defenderse mediante explicaciones razonables; pero progresivamente la convicción se consolida hasta formar un sistema completo en el que todos los acontecimientos se integran como pruebas de la persecución.

En la paranoia se desarrolla lentamente un sistema de ideas delirantes firmemente establecidas. El enfermo interpreta los acontecimientos más insignificantes de su vida cotidiana como dirigidos contra él. Poco a poco se forma un sistema completo: vecinos, colegas, autoridades o desconocidos aparecen como enemigos que conspiran contra el paciente. A pesar de estas ideas, el sujeto puede conservar durante largo tiempo su capacidad de razonamiento en otros campos; pero dentro del sistema delirante su convicción es absolutamente inconmovible.

Los delirios no son simples errores del pensamiento. Surgen de necesidades internas del individuo. El paciente experimenta ciertas vivencias, sentimientos o tensiones que reclaman una explicación. Así, acontecimientos insignificantes se interpretan de acuerdo con ese estado afectivo. El sujeto siente que se habla de él, que se conspira contra él, que sus vecinos o compañeros lo vigilan o lo perjudican. Estas convicciones no se corrigen mediante la experiencia, porque responden a necesidades emocionales profundas. Mientras persista el estado patológico, el delirio conserva su certeza absoluta.

(A mi manera)

Yo he llegado a la convicción de que se ha cometido contra mí un crimen espiritual. Se intenta destruir mi alma mediante procedimientos sobrenaturales. Desde entonces los llamados ‘rayos’ actúan constantemente sobre mi cuerpo. Me dirigen pensamientos, producen sensaciones extrañas y realizan milagros cuyo único objeto parece ser atormentarme. Es evidente para mí que existe una conspiración inmensa, en la que participan fuerzas invisibles y también personas reales, encaminada a someter mi voluntad y destruir mi existencia. Poco a poco comprendo que en torno a mi persona se está tramando algo. No puedo determinar exactamente qué es, pero estoy seguro de que todos participan en un secreto del que yo soy el centro.

Siento que las voces hablan de mí y que las personas que me rodean saben algo terrible que yo ignoro. Aquellos que me cuidan parecen formar parte de una conspiración silenciosa. Cada gesto o palabra puede interpretarse como una señal de hostilidad. El mundo entero adquiere entonces un aspecto extraño y amenazador, como si hubiera perdido su significado habitual.

Creo con absoluto grado de certeza, incorregible y firmemente, en tramas conspirativas, mensajes ocultos y personajes que mis allegados suponen imaginarios. Me tomo esta serie de aparentes creencias extravagantes en serio porque las ideas sobre conspiraciones vienen a mí de la misma forma que las ideas matemáticas.

Las ideas presentadas en esta nota son inatacables y totalmente verdaderas; podemos afirmar que los problemas de mi enigmática locura han sido resueltos en lo esencial de manera definitiva.

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