«La lectura es una de las más nobles ocupaciones del espíritu humano. Ningún hombre puede conversar con las edades pasadas sino por medio de los libros; y ningún placer intelectual se compara con aquel que sentimos cuando, en silencio, abrimos un volumen y nos encontramos de pronto en compañía de las mayores mentes de la humanidad. En una biblioteca bien elegida vive una sociedad más ilustre que cualquiera de las que pueden reunirse en el mundo real […] El amor por los libros no es una simple inclinación erudita: es una disposición del alma. Quien ama verdaderamente la lectura siente que cada volumen es una puerta hacia otra vida. Así, en una habitación silenciosa, el lector puede recorrer los siglos, conversar con filósofos y poetas, y enriquecer su mente con una libertad que ningún poder político podría otorgar», James Mackintosh.
«Los libros proporcionan uno de los más puros placeres de la mente. A través de ellos el espíritu se eleva por encima de las limitaciones del tiempo y del lugar. Cuando leemos, nos convertimos en ciudadanos de todas las edades y de todas las naciones; participamos en los descubrimientos de los sabios y en las imaginaciones de los poetas […] El hábito de la lectura refina el gusto, amplía el juicio y suaviza las pasiones. Ninguna ocupación solitaria es tan fértil en placer como esta tranquila conversación con autores ilustres», Alexander Gerard.
«Un hombre que posee libros posee también el poder de multiplicar su vida. Los volúmenes de una biblioteca no son simples objetos de papel: son depósitos de sabiduría, monumentos del ingenio humano y testigos de las más elevadas aspiraciones del espíritu […] La conversación con hombres ingeniosos es un placer grande, pero la conversación con libros excelentes tiene la ventaja de que siempre está a nuestro alcance y nunca se agota», Charles Gildon.
