Charles 117

Me cuesta una enormidad ducharme, limpiarme, vestirme, hablar, leer, escribir, levantarme de la cama o pensar. Tengo la sensación de una fatiga infinita. Nada me interesa. Nada me divierte. Todo me pesa. El mundo entero se me aparece como una especie de hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama. Se redujo el arco de mi expresión emocional, mi habla es pobre, nada me motiva y soy incapaz de experimentar placer. Como dijo Baudeliare, hay momentos en que el tiempo pesa como una losa. Cada segundo arrastra una eternidad de aburrimiento. Entonces la vida no es más que una larga náusea. Apático, retraído, no logro desenvolverme en la vida cotidiana. Gestos reducidos y voz monótona.

Estoy cansado de vivir, de respirar. Todo me parece vacío, baldío e inútil. Nada deseo. Mi corazón es como una tierra agotada donde ya no crece ninguna planta. Todo me parece sin sentido, y camino como un espectro entre los hombres. Estoy vacío, terriblemente vacío. Todo lo que me rodea parece artificial, una escenografía o tramoya grotesca. La vida se ha convertido en un baile de máscaras de muertos.

Vivo por inercia. Solo deseo buscarme el centro del corazón con el cuchillo de la cocina. Dondequiera que vaya, llevo conmigo mi bilis negra. Busco la soga definitiva para colgarme de una maldita vez de la viga.

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