Charles 148

«El odio, en política, no es simplemente una emoción privada trasladada al espacio público; es una forma de acción que tiende a destruir el mundo común. Allí donde el odio sustituye al juicio, desaparece la posibilidad de comprender. Y sin comprensión, la política se convierte en mera lucha de fuerzas. El peligro no es que los hombres discrepen, sino que dejen de reconocer en el otro a un interlocutor”, Hannah Arendt.

“El odio político es inseparable de la idea de que el otro no solo está equivocado, sino que es maligno. En ese punto, la discusión se vuelve imposible. Ya no se trata de persuadir, sino de derrotar. El lenguaje mismo se degrada, porque deja de servir a la verdad y pasa a servir a la hostilidad”, George Orwell.

“Nada hay más contrario a la naturaleza humana que el odio. Pues el hombre ha nacido para la sociedad, y la sociedad no puede mantenerse si cada cual considera enemigo a su semejante. Quien odia rompe el vínculo que lo une a los demás, y al hacerlo, se aparta de sí mismo. Porque la humanidad no consiste en otra cosa que en la comunión de los hombres entre sí”, Cicerón.

“El odio es una enfermedad del juicio: no ve las cosas como son, sino como le conviene verlas. El que odia no busca la verdad, sino ocasión para su pasión. Y así, cuanto mira, lo tuerce; cuanto oye, lo malinterpreta; cuanto piensa, lo envenena. No hay mayor miseria que vivir ocupado en aborrecer, porque el odio es un trabajo continuo del alma contra sí misma”, Quevedo.

“El odio es fuego que, encendido en el pecho, primero abrasa al que lo guarda. Ningún enemigo es tan dañino como aquel que llevamos dentro, pues no duerme, no descansa, no se aparta. Y así, quien vive odiando, vive en guerra perpetua consigo mismo”, Lope de Vega.

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