«Hay quienes hablan mucho para no decir nada, y otros que dicen poco y lo dicen todo. La verdadera finura no consiste en multiplicar las palabras, sino en elegirlas. Un espíritu elegante no pesa sobre el oyente: pasa, toca, y deja una huella ligera, como si no hubiera querido dejarla. El exceso revela esfuerzo; la medida, dominio», La Bruyère.
«La verdadera elegancia consiste en hacerse entender sin esfuerzo y en hacer reír sin grosería. Nada es más vulgar que la oscuridad: es el refugio de los espíritus confusos. Quien piensa con orden escribe con claridad; quien escribe con claridad, persuade. El estilo debe ser como una espada bien templada: ligero en la mano, mortal en el golpe», Voltaire.
«La verdadera elegancia no se muestra: se percibe en la delicadeza con que una emoción es captada y retenida. Un gesto, una inflexión, una pausa pueden contener más verdad que un discurso entero. El estilo consiste en hacer visible lo invisible, en dar forma a lo que, sin él, se perdería en la indistinción del tiempo», Proust.
«La frase tiene que latir. Si no late, está muerta. No me importa que sea fea o hermosa: quiero que tenga pulso. La verdadera elegancia no está en las palabras bonitas, sino en el ritmo que las arrastra. Escribir es hacer oír una música, aunque sea áspera, aunque duela», Céline.
