CONTRATAPA A «EL LÓGICO DE LA MORGUE».
«Toda mi obra es una única autobiografía mitificada. Escribo siempre el mismo libro, bajo formas distintas», afirma el autor del libro que el lector tiene entre sus manos, el undécimo de la serie, «El lógico de la morgue».
Fiel a una visión, el escritor auténtico no produce obras: desarrolla obsesiones …o tentativas de obsesiones. El autor rechaza la idea de la producción mecánica y, ciertamente, hubiera preferido un solo libro que sobreviva a cien que se olviden. Se publica demasiado. La inflación de palabras amenaza con vaciar el lenguaje de sentido.
Nadie lee libros serios. Si uno se fija en los libros que los lectores compran en las librerías o piden en una biblioteca, la depresión puede llegar a psicosis. Mucho colorín y nada de latín.
El mundo moderno no es trágico, es administrativo. La muerte ha sido sustituida por la gestión. Todo continúa, pero sin finalidad, sin impulso, sin necesidad interior. Una civilización que ya no cree en el sentido de sus palabras está condenada a multiplicarlas indefinidamente. Se escribe y habla de más porque ya no se dice nada.
Queremos cultura sin tradición, libertad sin disciplina, inteligencia sin verdad. El hombre moderno quiere gozar de las consecuencias de una civilización cuyas causas ha rechazado.
Adiós, esfuércense y buena suerte.
