SOLAPA INTERIOR A «EL LÓGICO DE LA MORGUE»

Christian Sanz estudió en universidades barcelonesas y estadounidenses. Su válvula pilórica es un barómetro perfecto de la decadencia moderna. Cada vez que el mundo se hunde un poco más en la vulgaridad, se cierra, se rebela, protesta en silencio.

Christian es un piojo, como todo el mundo. Su vida empírica le pareció pobre, repetida e insuficiente, y buscó en los libros no una evasión, sino una intensificación: una forma —quizá ilusoria— de vivir más y mejor. Cree —con reservas— que eso valió la pena.

Vivimos en una época en la que todo es posible, y nada es necesario.

Christian fue, y sigue siendo, un estudiante perpetuo: cuanto más aprende, más precisa se vuelve la conciencia de la extensión de su ignorancia, y más diminuto —casi nulo— el alcance de su saber.

Y, sin embargo, sigue leyendo.

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