Charles 217

Quitar, deshacer, escamondar, pulir, limar, hasta que la frase se queda en hueso, un hueso muy cercano a la vida y a la belleza. Tocar la fruta, mordisquearla, pesarla, sopesarla, olerla. La disciplina es la más alta forma de talento. La emoción trabajada hasta que arda. Depurar, despojar, renunciar. Cada corrección es una renuncia, pero también una conquista.

Gabriel Miró: «No escribo para avanzar, sino para detenerme. La frase no se me entrega hecha: la rodeo, la pruebo, la descompongo, la vuelvo a levantar. Cada palabra debe ser mirada como si fuera la primera vez que aparece en el mundo. Y si no alcanza su plenitud, se queda fuera. Escribir es una forma de demora».

Nabokov: «He reescrito cada frase que he publicado, a menudo muchas veces. La primera versión es siempre una ilusión de fluidez; el verdadero trabajo comienza cuando uno desconfía de esa fluidez. El estilo no es un don, sino una disciplina de la atención, y la revisión es su instrumento. Quiero que cada palabra resplandezca, que cada detalle justifique su presencia, como en un cuadro donde nada puede modificarse sin destruir el conjunto».

Soy un escritor preocupantemente espontáneo. Mis frases me llegan sin vacilación, y casi no debo volver a ellas, remodelarlas, suavizar sus aristas. Mi mente descubre lo que quiere decir casi en el instante de haberlo escrito. Bentham y Bertrand Russell eran escritores de esta especie.

Suelo darle confianza a mi primer impulso; pruebo, refino y reescribo poco. Decía Hazlitt que el pensamiento adquiere su forma solo cuando se nos resiste, cuando nos obliga a volver sobre él y hacerlo responder ante sí mismo. Lo sé, pero no lo creo. Mi diligencia y composición es rápida; pero la excelencia, ay, nunca se concede a la presura y a la negligencia.

Addison: «Nada hay más engañoso que la apariencia de facilidad en una página bien escrita. Lo que parece natural suele ser el resultado de una larga corrección. La verdadera elegancia no nace de la espontaneidad, sino de la contención; se alcanza cuando el escritor ha eliminado todo lo que podría delatar el esfuerzo que hay detrás».

Faulkner: «Hay que trabajar, y trabajar duro, y luego trabajar aún más. El primer borrador es solo el comienzo. Reescribes hasta que la historia adquiere una necesidad interna, hasta que parece inevitable. Todo lo que no sea esencial debe desaparecer, por mucho que te guste. Escribir es un proceso de eliminación».

Soy un escritor que apenas vivo de revisiones. Sopeso, escucho y veo la frase mientras la escribo. Confío en esa engañifa llamada «inspiración», una inspiración francamente autista. La perfección es un refinado interminable; yo soy un escritor imperfecto de primeras. El oficio es revisar y revisar para mejorar y mejorar.

Pido disculpas a mis lectores.

O mejor: a su ausencia.

Deja un comentario