Charles 222

Los políticos son muñecos de trapo, con instinto de rebaño y sin escrúpulos, sin oficio claro, mentirosos compulsivos y rapaces, muñecos de trapo, decíamos, en manos de fuerzas que no comprenden; hablan de patria, de corrupción y de economía como si fuesen hechos vivos, y no palabras gastadas en boca de comediantes.

Necesitan un mundo plano, sin ironía, sin ambigüedad, sin estilo. El arte de reducir la complejidad de la vida a consignas que puedan repetirse sin pensar. Los hombres públicos son, en su mayoría, hombres privados que han perdido su delicadeza. No buscan la verdad, sino la victoria; no buscan la razón, sino la ventaja. Actores de un teatro donde la vanidad habla más alto que la razón, actores de una farsa nauseabunda que llaman democracia.

La política es el arte de hacer creer a los imbéciles que participan en algo. Nada hay más ridículo que la solemnidad del discurso político. Oscar Wilde: “La democracia significa simplemente el apaleamiento del pueblo por el pueblo para el pueblo”.

Donde el escritor introduce matices, el político introduce consignas. Donde el estilista complica, el político aplana. Desprecio estético y sospecha moral: hablan y se conducen como simios. Mediocres que se toman en serio porque otros mediocres los escuchan. Las ideologías son jaulas para mentes perezosas. Pobreza de pensamiento bajo la abundancia de palabras.

La política no es solo una práctica degradada —es, sobre todo, un lenguaje degradado.

Deja un comentario