Charles 225

Los imbéciles, espesos, son una plaga de ratas que lo invaden todo. No dudan, seguros de su camino insignificante por la vida. Avanzan y aplastan con su cráneo vacío. Llenan el aire de palabras como gusanos. Les bastan sus convicciones de segunda mano. La vida está organizada para ellos. Las instituciones, las universidades, la literatura, la política, la economía, los periódicos, las conversaciones …todo. Encuentras a los imbéciles en todas partes. Con su dignidad ridícula y petrificada. El estúpido no distingue entre lo esencial y lo accesorio, entre lo alto y lo bajo. Vive en un mundo plano, donde nada tiene relieve, y cree que ese mundo es el real.

Se reconoce como tal porque vive rodeado de otros iguales. La estupidez ha dejado de ser un defecto para convertirse en nuestro medio ambiente. No hay contraste, no hay resistencia: todo confirma su visión del mundo. Y así, perfectamente adaptado, el estúpido prospera. Razona al servicio de sus prejuicios. No busca la verdad, sino la confirmación. Y en esa confirmación encuentra una falsa tranquilidad que le impide pensar.

Tienen la mirada bovina, como de vidrio empañado, y una manera de hablar en la que las palabras no significan, sino que se atropellan unas a otras con una torpeza pegajosa. No dudan: esa es su fuerza. Avanzan con la seguridad de quien no ha pensado nunca nada hasta el final. Sus opiniones le vienen dadas —del bar, de las redes, del vecino— y las repite con una convicción que sería admirable si no fuera ridícula. Cree entenderlo todo porque no distingue nada. Cabeza asentada sobre los hombros como un repollo mal plantado. Las frases le salen como eructos. Se encrespa como gallo viejo y recurre pronto al insulto.

La sociedad no solo tolera la estupidez: la necesita. El estúpido es previsible, manejable, útil. No cuestiona, no incomoda, no desestabiliza. Es el ciudadano ideal de cualquier sistema que aspire a durar. Sus palabras son fórmulas, lugares comunes, ecos de otros discursos. No hay en ellas experiencia, ni riesgo, ni pensamiento. Son palabras muertas que circulan entre muertos. Nunca ha habido tanta cultura disponible y tan poca cultura real. El estúpido consume libros, películas, ideas, pero no los asimila.

El estúpido no es un error del mundo: es su forma dominante.

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