Charles 226

Solo un 2% de la población alcanza mi C.I. Solo un 1% sufre mi esquizofrenia. Solo un 3% tiene una biblioteca de más de 20.000 volúmenes. Solo un 5% es tan feo y gordo como yo lo soy. Yo: una colección de rarezas.

Thomas Bernhard: “El hombre que piensa es siempre un escándalo. La sociedad tolera al excéntrico solo mientras no la incomode demasiado. En cuanto el raro dice algo verdadero, se vuelve insoportable. Entonces hay que apartarlo, ridiculizarlo, silenciarlo”.

Los marginados poseemos una lucidez que los integrados han perdido. Al no participar plenamente del mundo, lo vemos desde fuera. Y esa distancia —dolorosa, sin duda— nos permite comprender mejor su mecanismo. El raro es, en ese sentido, un testigo incómodo. El que encaja demasiado bien en la realidad no la ha comprendido. Quien se aparta de lo común se expone a la incomprensión, al aislamiento, al fracaso. Pero también accede a una intensidad que la vida ordinaria no conoce. Una intensidad que también es un peligro y puede acarrear una deformidad, o, en otras personas, una esterilidad vacua.

Perdonen el cliché de outsider. Aquí hay mucho de mi pose o máscara de falso aristócrata, no del todo -o poco- real.

Mi vida es un laberinto de obsesiones sin centro. Y a veces sospecho que tampoco tiene salida.

Deja un comentario