Charles 237

Kurt Schneider: “La inestabilidad afectiva puede manifestarse como una sucesión de estados contradictorios en un corto espacio de tiempo. El paciente puede reír y, pocos minutos después, mostrarse profundamente abatido, sin transición comprensible. Esta falta de continuidad en la vida emocional contribuye a la sensación de extrañeza tanto para el propio sujeto como para quienes le rodean”.

Nancy C. Andreasen: “Algunos pacientes describen sus emociones como fragmentadas, discontinuas, como si no pudieran sostener un estado afectivo el tiempo suficiente para que este adquiera coherencia. Esta experiencia de cambio rápido no solo es desconcertante, sino que puede resultar profundamente desorganizadora para la identidad personal”.

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Rige nuestra vida emocional una velocidad anómala, efervescente. Los humores no solo cambian: se precipitan unos en otros, sin permitir que te estabilices. Esta rapidez genera una sensación de pérdida de control que puede ser más angustiante que nuestros estados extremos.

Uno no vive: es vivido por una sucesión de disposiciones contradictorias que se imponen sin lógica ni descanso. Nada se mantiene. Todo cambia demasiado deprisa. Cuando uno cree haber encontrado una cierta estabilidad, esta ya está siendo destruida. La mente no concede tregua: pasa de un extremo a otro con una rapidez que impide cualquier forma de reposo.

Deben perdonarme por mis numeritos en mis estados de Facebook. Tan pronto estoy al lado y soy partidario decidido del suicidio y de mi inmolación como escritor, como me subo a un optimista y creativo rayo de luz sobrevolando todas las tapias, montañas, geografías y obstáculos. La locura es desorden, falta de previsibilidad, paradójico método.

Y en ese vaivén, uno deja de reconocerse: no porque cambie, sino porque no permanece.

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