Charles 244

(Contra el cine)

Una cultura que sustituye el esfuerzo por la inmediatez pierde ambos. El arte que no exige nada del espectador termina por no ofrecer nada que valga la pena. Lo que no exige precisión ni inteligencia acaba por destruir ambas. El exceso de imagen, sin control del lenguaje, conduce a una forma degradada de percepción. Por eso detesto ahora (no antes) al cine.

El cine simplifica lo que la literatura complica. Allí donde la novela exige atención, memoria, relectura, la imagen se impone de inmediato. No hay demora, no hay ambigüedad sostenida. Todo está dado, y precisamente por eso, todo es más pobre.

Cuando la realidad se presenta en forma de espectáculo continuo, el juicio se debilita. La distancia necesaria para pensar desaparece. Posee un poder extraordinario para producir ilusión. Pero esa misma facilidad lo inclina hacia lo superficial. Puede ser arte, pero rara vez lo es. El espectador recibe sin esfuerzo lo que la lectura exige construir. Ha contribuido a formar una sensibilidad basada en la rapidez y la evidencia. Y esa sensibilidad es difícilmente compatible con la literatura exigente. La cultura visual ha desplazado a la cultura verbal. Y en ese desplazamiento se pierde una forma de inteligencia ligada al lenguaje

El cine ha producido imágenes memorables, pero también ha contribuido a una cultura de consumo rápido, donde la intensidad se confunde con la duración. La imagen cinematográfica tiende a cerrar el significado. Frente a ella, el lenguaje literario mantiene una apertura que es condición de su riqueza.

El cine, rápido, fácil y perfecto para no pensar. Una forma de distracción masiva que reduce la inteligencia a una pasividad confortable. La gente se sienta, mira, consume, y sale igual que entró —o peor.

NOTA BENE: ¿Almodóvar y Santiago Segura? El mundo entero es una máquina de producir idiotas satisfechos. Avanzan con una seguridad absoluta, y lo peor es que son millonarios y exitosos.

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