Charles 248

INFORME DE URGENCIAS PSIQUIÁTRICAS

Fecha: 31 / 03 / 2026

Hora de valoración: 02:35 h

Servicio: Urgencias – Psiquiatría

Paciente: Varón, 39 años

Procedencia: Domicilio (tras aviso vecinal)

Acompañamiento: Servicios de emergencia (061 / Guardia Civil)

Varón de 39 años, soltero, residente solo en domicilio rural, traído a Urgencias por servicios de emergencia tras aviso vecinal por gritos, amenazas inespecíficas, desnudez parcial y conducta marcadamente desorganizada. A la llegada del equipo, el paciente se hallaba en estado de intensa agitación psicomotriz, deambulando descalzo entre varias estancias de la vivienda, con múltiples objetos volcados, restos de comida en descomposición, suciedad generalizada, paredes cubiertas de signos, frases inconexas y dibujos de contenido persecutorio-religioso. Presentaba importante descuido de la higiene personal, olor corporal intenso, dentición muy deteriorada, erosiones y cortes superficiales en tórax y antebrazos, al parecer autoinfligidos en contexto de extrema angustia y confusión.

Durante la primera entrevista, imposible de sostener de modo ordenado, el paciente mostraba lenguaje disgregado, frecuentes bloqueos, asociaciones laxas, bruscos cambios de tema y emisión de frases fragmentarias de contenido delirante. Repetía que “lo habían cercado”, que “habían metido un dispositivo en la casa”, que “la Guardia Civil, unos vecinos y no sé quién más” estaban espiándolo desde hacía semanas, que el techo “estaba lleno de micrófonos”, y que determinados muebles contenían artefactos explosivos o tóxicos destinados a matarlo. Manifestaba terror intenso a ser envenenado, insistiendo en que necesitaba ir al hospital “antes de que me provoquen un infarto”. Decía asimismo que oía voces masculinas y femeninas que se burlaban de él, comentaban sus pensamientos y, en los momentos de mayor descontrol, le daban órdenes imperativas de dañar a otros y de dañarse a sí mismo.

El paciente respiraba con gran rapidez, sudoroso, tembloroso, con franca hiperventilación, mirada vigilante, atención flotante y reactividad extrema a ruidos mínimos del entorno. Por momentos se encogía contra la pared como si se protegiera de una agresión inminente; en otros, avanzaba de forma amenazante hacia la puerta o hacia el personal, gritando que no permitiría que “lo sacaran de la ecuación”. Alternaba súplicas de ayuda con insultos, llanto, invocaciones religiosas, frases grandiosas y amenazas poco estructuradas. Preguntado por consumo de medicación, refirió de modo confuso haber tomado “mucho Rivotril” sin precisar dosis ni hora. No podía descartarse intoxicación medicamentosa ni mezcla con otras sustancias.

En la exploración psicopatológica destacaban: conciencia no claramente obnubilada pero sí muy alterada por angustia extrema y psicosis florida; orientación parcialmente conservada en persona y muy inestable en tiempo y situación; pensamiento gravemente desorganizado, con ideación delirante persecutoria, de referencia y probablemente mística; alucinaciones auditivas imperativas; juicio de realidad abolido; conciencia de enfermedad nula; intensa inquietud motora; autoabandono severo; riesgo elevado de heteroagresividad impulsiva y de autoagresión. La entrevista resultaba prácticamente imposible por ausencia de colaboración, suspicacia masiva y cambios súbitos entre temor extremo y agresividad defensiva.

Dada la situación de riesgo inminente, se intentó inicialmente contención verbal, reducción de estímulos y abordaje tranquilizador por varios profesionales, sin éxito suficiente. El paciente realizó entonces un movimiento brusco hacia un interviniente y trató de zafarse de la asistencia, por lo que, siguiendo protocolo de urgencias psiquiátricas y ante peligro inmediato para sí y para terceros, fue precisa contención física inicial por personal entrenado, seguida de contención mecánica temporal y administración de tratamiento sedante por vía parenteral, con monitorización clínica estrecha. La medida se adoptó de forma proporcionada, justificada y por el menor tiempo posible, ante una desorganización conductual extrema y falta absoluta de autocontrol.

Una vez parcialmente contenido el cuadro, se objetivó agotamiento físico, persistencia de verbalizaciones delirantes, llanto intermitente y miedo masivo. El paciente seguía afirmando que en su domicilio había ratas por todas partes, cámaras ocultas, voces demoníacas y personas preparadas para asesinarlo en cuanto quedase dormido. Negaba de forma poco fiable intención autolítica, pero sus manifestaciones previas, el posible consumo excesivo de benzodiacepinas, el estado de terror, las autolesiones superficiales y la pérdida global de juicio obligaban a considerar riesgo autolesivo alto. Del mismo modo, las voces imperativas y la amenaza verbal difusa imponían valorar riesgo heteroagresivo elevado en situación de descompensación aguda, aunque sin finalidad instrumental ni plan coherente, sino dentro de un estado psicótico caótico.

Se decidió ingreso psiquiátrico involuntario urgente por trastorno psicótico agudo grave con alucinaciones imperativas, delirios persecutorios intensos, agitación psicomotriz severa, autoabandono extremo y riesgo para sí y terceros. Como diagnósticos diferenciales se plantearon: episodio agudo de esquizofrenia paranoide descompensada, trastorno esquizoafectivo, psicosis inducida por sustancias y cuadro tóxico-delirante sobre patología psicótica de base. Se indicó vigilancia estrecha, estudio toxicológico, analítica completa, valoración de lesiones cutáneas, rehidratación, restauración del sueño y reevaluación psiquiátrica seriada una vez reducida la agitación.

Impresión clínica provisional: cuadro psicótico florido, grave y desorganizado, con ruptura del juicio de realidad, predominio persecutorio-alucinatorio, deterioro marcado del autocuidado y necesidad de medidas urgentes de contención e ingreso.

Médico firmante

Dr. Alonso de Villacastín y Riera

Médico Psiquiatra

Deja un comentario