Charles 255

Todo pensamiento que no se pliega a la costumbre es percibido como una amenaza. Por eso la sociedad no tolera al que piensa de otro modo: lo ridiculiza, lo aísla, lo reduce a caricatura. Pero precisamente en esa exclusión reside su única posibilidad de verdad. No a todo. Los que no siguen la fila, ¡esos son los míos!… La gente quiere oír siempre lo mismo, las mismas frases, las mismas ideas. En cuanto uno se sale del carril, ¡pam!, sospechoso y expulsado por hereje. Mejor callarse, insisten en decirte.

Siempre desconfié de las escuelas, de los sistemas, de cualquier forma de agrupación estética o intelectual, de las pandillas y grupos con más de uno. La originalidad no consiste en oponerse por sistema, sino en ser incapaz de repetir lo ya dicho. Allí donde todos coinciden, algo se ha simplificado en exceso. Prefiero las pequeñas opiniones excéntricas, los juicios que no encajan del todo. En ellos suele haber una verdad más viva.

William Hazlitt decía que el pensamiento independiente es siempre incómodo porque no busca agradar, sino comprender. Y comprender implica, a menudo, disentir. La heterodoxia no es un capricho, sino una consecuencia: quien observa con atención termina por ver lo que otros prefieren ignorar. Y eso lo coloca, inevitablemente, en una posición marginal.

No den por sentado lo que la mayoría considera evidente. Escandalicen. Miren, valoren y elijan lo diferente. Vivan diferente. La historia de las ideas está hecha de desviaciones. Lo que hoy llamamos ortodoxia fue, en su origen, una herejía. La heterodoxia no es un accidente, sino el motor mismo del pensamiento. Sin ella, no habría cambio, ni evolución, ni conocimiento.

Las opiniones tienden a agruparse en bloques previsibles. Pensar de manera independiente exige un esfuerzo adicional: el de resistir esa presión. Y no siempre se paga bien. Coincido con Susan Sontag cuando afirmó que ser heterodoxo no significa adoptar posiciones extravagantes, sino cuestionar las categorías mismas con las que pensamos. Implica una vigilancia constante frente a los hábitos mentales, una disposición a revisar lo que creemos saber.

No a todo. Ahí empieza todo.

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