(Declive II)
“Uno de los problemas persistentes de nuestra vida intelectual es la discontinuidad. Falta una conversación sostenida en el tiempo, un diálogo que permita desarrollar y corregir ideas. Sin esa continuidad, cada generación comienza de nuevo, sin aprovechar plenamente lo anterior”, Julián Marías.
“Hay una especie de languidez en el espíritu, una falta de impulso que hace que todo quede a medio hacer. Se empieza con interés, pero sin perseverancia; se comprende a medias, se abandona pronto. Y así, la inteligencia no llega a consolidarse, se disuelve en intentos”, Azorín.
“La educación que recibimos era fragmentaria, desordenada, más preocupada por inculcar obediencia que por despertar la inteligencia. Se aprendían cosas, sí, pero no a pensar. Y sin ese aprendizaje fundamental, todo lo demás queda incompleto, como una construcción sin cimientos”, Arturo Barea.
“España presenta una curiosa combinación de inteligencia aguda y falta de organización intelectual. Hay destellos brillantes, intuiciones rápidas, pero rara vez se desarrollan en sistemas coherentes. Es como si la energía mental se consumiera en el momento, sin dejar estructuras duraderas”, Gerald Brenan.
“Hay una forma de ignorancia que no es ausencia de saber, sino indiferencia hacia él. No se trata de no conocer, sino de no querer conocer. Esta actitud, más que la falta de instrucción, es la que empobrece verdaderamente la vida de un pueblo. Porque donde no hay deseo de comprender, no puede haber cultura”, Antonio Machado.
“Aquí la realidad no se contempla: se teatraliza. Todo se exagera, todo se convierte en gesto, en apariencia. La inteligencia, en lugar de iluminar, se pliega a la farsa. Y así, lo que podría ser comprensión se convierte en espectáculo, en representación continua de sí misma.”, Valle-Inclán.
“La vida intelectual exige una disciplina que no admite atajos. Sin embargo, es frecuente encontrar una disposición a opinar sin haber pensado, a juzgar sin haber comprendido. Esta ligereza no es un defecto menor: es el síntoma de una renuncia a la responsabilidad del pensamiento. Se vive de prestado, intelectualmente hablando”, Ortega y Gasset.
“Se habla mucho de tradición, pero se la vive poco. Se invocan palabras heredadas sin haber penetrado en su sentido. Hay una especie de pereza espiritual que se contenta con repetir lo recibido, sin transformarlo ni comprenderlo. Y así, la tradición se convierte en rutina, y la rutina en una forma de empobrecimiento del espíritu”, Unamuno.
