(Declive III)
“La dificultad no reside en la falta de inteligencia, sino en la ausencia de estructuras que la sostengan. Sin un entorno que exija, que estimule, que premie el pensamiento riguroso, la inteligencia se disipa, se vuelve episódica, incapaz de consolidarse en una forma de conocimiento estable”, Luis Martín-Santos.
“España es un país donde la cultura suele vivirse como un adorno, como una flor en la solapa que se luce en determinados momentos, pero que no forma parte de la vida cotidiana. Se habla de libros, se mencionan autores, pero raramente se entra en esa intimidad profunda que exige la lectura verdadera. Todo queda en superficie, en gesto, en apariencia”, Umbral.
“Hay una cierta pobreza en nuestra manera de mirar las cosas: vemos, pero no detenemos la mirada; pasamos, pero no penetramos. Nos falta esa paciencia que convierte la observación en conocimiento. Todo queda en una impresión rápida, en una sensación fugaz que no llega a transformarse en comprensión”, Azorín.
“Aquí todo el mundo habla y nadie escucha, todo el mundo afirma y nadie duda, todo el mundo repite y nadie se detiene a pensar de dónde vienen las palabras que usa. Es un país de ecos más que de voces, de repeticiones más que de pensamientos. Y así, lo que circula no son ideas, sino fragmentos de discurso que se encadenan sin necesidad”, Cela.
“Lo característico de ciertas épocas es que todo el mundo tiene opinión sobre todo, pero muy pocos poseen una idea. La opinión es ligera, inmediata, fácilmente intercambiable; la idea exige elaboración, tiempo, esfuerzo. Cuando la primera sustituye a la segunda, la vida intelectual se empobrece, aunque el ruido de las palabras aumente”, Ortega y Gasset.
“Aquí se piensa poco y se siente mucho; y aun ese sentimiento, con frecuencia, no pasa de ser una agitación superficial, sin verdadera raíz. Se rehúye el rigor del pensamiento como si fuese una forma de violencia. Se prefiere la frase brillante, el ingenio inmediato, antes que la idea trabajada. Y así, la inteligencia no desaparece, pero se dispersa, se debilita, se convierte en un juego en lugar de ser una disciplina”, Unamuno.
“La miseria no es solo material: es también intelectual. Se manifiesta en la incapacidad de formular preguntas rigurosas, en la tendencia a aceptar explicaciones simplistas, en la ausencia de un verdadero interés por comprender. Esta pobreza mental se reproduce de generación en generación, no por falta de inteligencia, sino por falta de exigencia”, Luis martín-Santos.
