Charles 270

Javier Gomá

“La cultura no se transmite solo por medio de contenidos, sino a través de ejemplos. Cuando la sociedad deja de ofrecer modelos de exigencia intelectual, de rigor, de atención, el individuo pierde referencias. Puede haber acceso a libros, a información, a discursos… pero sin esa ejemplaridad, todo ello queda suspendido en el aire, sin capacidad de formar realmente al sujeto. Así se instala una forma de analfabetismo discreto: el que no se reconoce como tal”.

Félix de Azúa

“La cultura ha pasado de ser una necesidad a convertirse en un adorno. Se la invoca, se la menciona, se la exhibe… pero no se la habita. El individuo contemporáneo puede hablar de libros que no ha leído, citar autores que no ha comprendido, moverse entre referencias culturales como quien recorre un escaparate. Es una cultura sin interioridad, puramente ornamental”.

Jordi Llovet

“La universidad ha dejado de ser un lugar de transmisión exigente del saber para convertirse en una institución de paso. Los estudiantes llegan con déficits de lectura y se marchan sin haberlos corregido. Se leen fragmentos, resúmenes, apuntes… pero rara vez obras completas. Y sin ese contacto prolongado con los textos, la formación queda inevitablemente superficial”.

Vicente Verdú

“La cultura contemporánea se caracteriza por su ligereza. Todo debe ser accesible, rápido, consumible. La dificultad se percibe como un defecto, no como una virtud. Esta ligereza no elimina la cultura, pero la transforma en algo superficial, incapaz de dejar huella. Se consume y se olvida con la misma rapidez”.

Manuel Vicent

“Hoy se puede ser analfabeto con elegancia. Basta con manejar algunos tópicos, repetir ciertas fórmulas, adoptar un tono adecuado. La ignorancia ya no es ruidosa: es discreta, bien vestida, socialmente aceptable. Y quizá por eso resulta más difícil de detectar y de combatir”.

Enrique Vila-Matas

“El lector fuerte, ese que se pierde en los libros, que establece relaciones, que construye una biblioteca interior, es una figura cada vez más rara. En su lugar aparece un lector ocasional, fragmentario, que se acerca a los textos sin intención de habitarlos. La lectura deja de ser una experiencia profunda para convertirse en un gesto más dentro de un flujo continuo de estímulos”.

Rafael Argullol

“La cultura requiere un espacio interior, un lugar donde las experiencias puedan sedimentarse. Pero la vida contemporánea tiende a eliminar ese espacio, sustituyéndolo por una sucesión constante de impresiones. Sin sedimentación no hay comprensión. Y sin comprensión, la lectura se convierte en una actividad superficial, incapaz de transformar al individuo”.

Gregorio Luri

“Se ha insistido tanto en las metodologías que se ha olvidado el contenido. Se habla de competencias, de habilidades, de procesos… pero se descuida aquello que debe ser aprendido. Sin contenidos sólidos, la lectura se vuelve vacía: el alumno sabe leer, pero no tiene nada que leer con provecho”.

Nuccio Ordine

“El desprecio por la lectura no se manifiesta siempre de forma explícita. A veces se presenta como indiferencia, como falta de tiempo, como preferencia por otras actividades. Pero esa indiferencia tiene consecuencias profundas: empobrece la capacidad de pensar, de imaginar, de comprender. Y ese empobrecimiento es, en el fondo, una forma de analfabetismo”.

Ignacio Echevarría

“La crítica literaria no es un lujo, sino una mediación necesaria. Ayuda a situar los textos, a interpretarlos, a comprenderlos en su contexto. Cuando la crítica desaparece o se debilita, el lector queda solo frente a los textos… pero sin herramientas para abordarlos. Y esa soledad no produce autonomía, sino desorientación”.

José-Carlos Mainer

“La cultura es, en gran medida, memoria. Una memoria que se transmite, se transforma, se actualiza. Cuando esa memoria se debilita, los textos pierden su contexto, su densidad, su sentido. Y el lector, privado de ese trasfondo, se encuentra ante ellos como ante objetos opacos”.

Fernando Aramburu

“El lenguaje cotidiano se empobrece cuando se reduce a fórmulas repetidas, a expresiones hechas, a clichés. Ese empobrecimiento no es inocente: limita la capacidad de pensar y de expresar. Y cuando el lenguaje se empobrece, la lectura se vuelve más difícil, más lejana, menos accesible en su verdadera profundidad”.

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