T. S. Eliot
«Si consideramos la cultura de Europa como un todo, encontramos que sus partes no pueden entenderse aisladamente. La literatura de cada nación europea no es autosuficiente: forma parte de un conjunto más amplio, y ese conjunto es la cultura europea. Europa es una unidad de cultura antes que de política o de economía. Su unidad no depende de tratados ni de fronteras, sino de una tradición compartida, de una herencia común que se manifiesta en las letras, en la religión y en las formas del pensamiento. Destruir esa unidad cultural, o reducirla a una suma de intereses materiales, sería empobrecer irremediablemente el espíritu europeo».
George Steiner
«Europa está hecha de cafés, de calles caminables, de bibliotecas, de lenguas que se responden unas a otras. Ser europeo es saber que una gran parte de lo que uno es proviene de otras lenguas, de otros libros, de otras tradiciones. Si Europa se convierte únicamente en un mercado común, en una zona de libre intercambio de bienes y de entretenimiento, habrá traicionado su esencia. Porque su verdadera unidad no es económica: es una comunidad de memoria, de textos, de música, de pensamiento. Europa es, ante todo, una civilización de lectura».
Milan Kundera
«Europa no es un territorio, sino una noción cultural. Lo que define a Europa no son sus fronteras geográficas, sino su historia espiritual: la continuidad de una tradición que va de Grecia al cristianismo, de la novela moderna a la música clásica. Si Europa deja de reconocerse en esa tradición, si se reduce a un espacio económico o a una civilización del consumo, entonces deja de ser Europa. La verdadera amenaza para Europa no es la división política, sino el olvido de sí misma».
Denis de Rougemont
«Europa no se hará de una vez, ni en una construcción de conjunto: se hará por realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho. Pero esa solidaridad no puede ser solo económica. Sin una conciencia cultural europea, sin el reconocimiento de una herencia común, la unión de Europa será frágil, superficial, y finalmente ilusoria. Europa debe reconocerse como una comunidad de espíritu antes de organizarse como una comunidad de intereses».
José Ortega y Gasset
«Europa es, ante todo, una idea. Y lo es en un sentido preciso: una cierta manera de entender la vida, una forma de razón histórica que se ha ido constituyendo a lo largo de siglos. Cuando Europa olvida su vocación intelectual, cuando se abandona a lo puramente técnico o económico, se desfigura. No es suficiente con organizar mercados o industrias: es necesario mantener viva la continuidad de su pensamiento, de su cultura, de su estilo».
Claudio Magris
«Europa es una pluralidad de voces que dialogan entre sí. Su riqueza no reside en la uniformidad, sino en la tensión entre sus diferencias. El peligro no es la diversidad, sino la homologación: una Europa reducida a consumo, a turismo, a espectáculo, donde las diferencias culturales se convierten en folclore para visitantes. Una Europa sin conciencia de su literatura, de su historia, de sus lenguas, es una Europa vacía».
Hermann Hesse
«Europa ha sido, durante siglos, una comunidad espiritual. No la definían sus ejércitos ni sus riquezas, sino sus pensadores, sus artistas, sus poetas. Cuando Europa se reduce a poder, a técnica, a organización material, pierde aquello que la hizo grande. La verdadera tarea no es construir máquinas más eficaces, sino conservar y renovar el espíritu que dio origen a nuestra civilización».
Edgar Morin
«Europa es una realidad compleja, una unidad en la diversidad. No puede reducirse a una lógica de mercado ni a una estructura administrativa. Necesita una conciencia de sí misma, una cultura compartida que permita a sus ciudadanos reconocerse en una historia común. Sin esa dimensión cultural, la construcción europea corre el riesgo de ser percibida como un aparato frío, técnico, sin alma».
