Tentativas 19

Zygmunt Bauman

«La Europa contemporánea corre el riesgo de convertirse en una sociedad de consumidores antes que en una comunidad de ciudadanos. Cuando el espacio público es colonizado por la lógica del mercado, la cultura deja de ser un ámbito de formación y se convierte en un producto más. Una Europa que olvida su vocación cultural, que sustituye la educación por el entretenimiento y el pensamiento por la satisfacción inmediata, pierde la capacidad de sostener una identidad común. La unión económica puede funcionar sin alma durante un tiempo; pero sin cultura compartida, sin memoria, sin responsabilidad intelectual, esa unión carece de profundidad y de futuro».

Jürgen Habermas

«El proyecto europeo no puede limitarse a la integración de mercados ni a la coordinación de políticas económicas. Lo que está en juego es la formación de una esfera pública europea, un espacio en el que los ciudadanos puedan reconocerse mutuamente a través de una cultura política y discursiva compartida. Sin esa dimensión cultural y comunicativa, Europa seguirá siendo una construcción tecnocrática, distante de la vida de sus ciudadanos. La legitimidad de Europa depende no solo de su eficacia económica, sino de su capacidad para generar sentido».

George Steiner

«Europa puede convertirse en un museo o en un parque temático: un lugar donde el pasado se exhibe, pero ya no se vive. Si la tradición se reduce a decoración, si la cultura se convierte en turismo, Europa pierde su sustancia. La verdadera Europa no es la de los aeropuertos y los centros comerciales, sino la de las bibliotecas, las lenguas, las traducciones, los textos que dialogan a través de los siglos. Olvidar eso es suicidarse culturalmente».

Rémi Brague

«Europa no se define por lo que produce, sino por lo que recibe. Su identidad no es la de una creación ex nihilo, sino la de una civilización que se reconoce heredera: de Grecia, de Roma, del cristianismo. Cuando Europa se concibe únicamente como una estructura económica o técnica, olvida que su esencia es cultural. No es una máquina que funcione, sino una tradición que se transmite».

Alain Finkielkraut

«Europa está en peligro no por falta de riqueza, sino por falta de exigencia cultural. La cultura ha sido sustituida progresivamente por el entretenimiento, la educación por la diversión, el esfuerzo por la facilidad. Se quiere una Europa ligera, accesible, agradable, pero esa ligereza tiene un precio: la pérdida de profundidad. Una civilización que ya no exige nada de sí misma está condenada a la trivialidad».

Peter Sloterdijk

«Europa fue durante siglos un experimento espiritual: una red de tensiones creativas entre filosofía, religión, arte y ciencia. Hoy corre el riesgo de reducirse a un sistema de confort, a una zona de bienestar regulado. Cuando el objetivo principal de una sociedad es la comodidad, el pensamiento se debilita. Europa debe decidir si quiere ser un espacio de intensidad cultural o un espacio de mera administración de la vida».

Tony Judt

«Lo que distingue a Europa no es solo su prosperidad, sino su relación con el pasado. Europa es una comunidad de memoria, marcada por la conciencia de sus tragedias y de sus logros. Si pierde esa memoria, si se convierte en una mera zona de intercambio económico, deja de ser algo singular. La identidad europea no puede sostenerse sin historia».

Nuccio Ordine

«En una sociedad dominada por la lógica del beneficio, todo lo que no produce utilidad inmediata parece superfluo. Pero son precisamente las disciplinas consideradas inútiles —la literatura, la filosofía, el arte— las que forman al ser humano. Una Europa que sacrifica estas dimensiones en nombre de la eficiencia económica se empobrece espiritualmente. No todo lo que cuenta puede medirse, ni todo lo que se mide cuenta».

Marc Fumaroli

«La cultura europea ha sido progresivamente sustituida por una “política cultural” que la administra, la organiza y la transforma en espectáculo. Se pasa de la cultura vivida a la cultura gestionada, de la creación a la animación cultural. Esta transformación convierte la cultura en un instrumento de comunicación y de consumo, perdiendo su dimensión crítica y formativa. Europa corre el riesgo de institucionalizar su propia superficialidad».

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