Tentativas 29

La claridad es la primera ley del estilo; pero no una claridad superficial, sino aquella que nace de la exactitud del pensamiento. El escritor que no piensa con precisión no puede escribir con claridad. El estilo no es un adorno: es la manifestación visible del rigor interior. Cada gran escritor crea su propio lenguaje, que es la forma necesaria de su pensamiento. La crítica que juzga el estilo como algo accesorio no ha comprendido la naturaleza del arte.

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No hay estilo sin visión. El escritor no describe las cosas: las recrea en su sensibilidad. Y esa recreación exige lentitud, exactitud, amor al matiz. Una prosa rápida es casi siempre una prosa superficial.

“El estilo no es un instrumento para comunicar algo previamente concebido, sino el lugar donde el pensamiento se forma. La dificultad no es un defecto: es la consecuencia natural de un pensamiento complejo. La claridad puede ser, muchas veces, una forma de simplificación engañosa. La verdadera prosa debe resistirse, debe exigir al lector”, Juan Benet.

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“Estoy enamorado de esta verde tierra; del rostro de la ciudad y del campo; de las indecibles soledades rurales y de la dulce seguridad de las calles. Aún conservo en mí un gusto por la tierra; pero no desconozco tanto las formas más artificiales de la vida como para no hallar en ellas también placer. El estilo de escritura que más estimo es aquel que menos parece estudiado, el que parece brotar a medida que se escribe, como una efusión inmediata de la mente del autor, más que como el resultado de una composición laboriosa. Y, sin embargo, esa negligencia debe ser una negligencia estudiada: un arte que oculta el arte”, Charles Lamb.

Un buen estilo no es el que es meramente correcto, sino el que está vivo; el que comunica el temperamento del escritor, su alegría o su melancolía, su facilidad o su pasión. Debe tener gracia, pero no rigidez; familiaridad, pero no vulgaridad.

Quiero un estilo que sea a la vez preciso y raro, un estilo que restituyera las más mínimas matizaciones de la sensación. Las palabras ordinarias no bastan para expresar ciertas impresiones; hay que forzarlas, desviarlas, enriquecerlas. El estilo es una alquimia.

El estilo es la manera en que la verdad atraviesa a un hombre.

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