Tentativas 36

Hollywood es la forma más perfecta de la mentira y el tópico organizado. Allí todo está dispuesto para producir una ilusión que ya no engaña a nadie y, sin embargo, todos -ingenuamente- aceptan. Es una maquinaria de producir en serie: siempre la misma historia reproducida hasta el agotamiento, los manidos clichés vez tras vez, los mismos actores.

Una fábrica de sueños, se dice. Yo veo más bien una fábrica de anestesia y abobamiento. Todo está ahí para que no sientas nada de verdad. Te dan emoción prefabricada, dolor sin herida, amor sin riesgo, ideas en forma de autoayuda, aburrimiento y simpleza con imágenes. Es el gran circo donde la vida se convierte en espectáculo para que nadie tenga valor para vivir la suya.

Bajo el brillo de las estrellas hay una historia de destrucción que el propio sistema necesita ocultar para seguir funcionando. Cocaína, grandes bungalows con piscina y fox-terrier e infidencias en la barbacoa, cirugía, incultura pasmosa, liberalismo de opereta, lujo obsceno, ruina y viejas glorias.

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«Hollywood ha sido, en sus mejores momentos, una máquina de energía cultural: un lugar donde la música, el cuerpo y la imagen se combinan para producir algo que no existe en la vida cotidiana. Pero esa energía es inestable: puede convertirse en pura fórmula si se repite sin riesgo», Wesley Morris.

«Las películas de Hollywood pueden ser vulgares, sentimentales, incluso absurdas, pero cuando funcionan, tienen una vitalidad que ninguna otra forma artística puede igualar. No son arte elevado: son otra cosa, más inmediata, más física, más peligrosa», Pauline Kael.

«Hollywood vive de repetir fórmulas que ya han demostrado funcionar. De vez en cuando aparece algo que rompe esa inercia, pero la mayor parte del tiempo se limita a ofrecer lo que el público espera. Y el público, por desgracia, espera cada vez menos», Carlos Boyero.

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