Mi undécimo libro, «El lógico de la morgue», ya tiene contratada una edición bibliófila. Si la cosa no llega a buen puerto, pagaré yo mismo la edición de lujo.
Christian Sanz, «El lógico de la morgue»
(Descripción bibliófila de la edición)
Volumen de gran formato, concebido como objeto de estudio y de contemplación, impreso sobre papel de tina de alto gramaje, de tono marfil ligeramente cálido, cuya superficie —de grano fino y nervadura apenas perceptible— recoge la tinta con una fidelidad casi táctil. Cada página ofrece una resistencia suave al paso, como si reclamara una lectura demorada, acorde con la naturaleza analítica y sombría de la obra.
La composición tipográfica, de raíz clásica, se articula en caracteres de inspiración garamondiana, elegidos por su equilibrio entre elegancia y severidad. La caja de texto, generosamente aireada, permite que el discurso —denso, minucioso, casi quirúrgico— respire sin concesiones a la prisa contemporánea. Capitulares discretamente ornamentadas introducen los pasajes mayores, con un rigor que rehúye todo exceso decorativo.
La encuadernación, ejecutada en plena piel negra, ha sido trabajada a mano con sobriedad deliberada. Los planos, desprovistos de ornamento superfluo, quedan apenas ceñidos por un filete seco; el lomo, con nervios bien marcados, presenta el título estampado en oro viejo, cuyo brillo contenido dialoga con la tonalidad grave del conjunto. Guardas de papel marmoleado, en gamas de gris ceniza y sepia, evocan una geografía incierta, entre lo orgánico y lo mineral.
Los cortes, dorados y suavemente bruñidos, conservan una luminosidad discreta, casi funeraria, que acompaña el carácter de la obra. La impresión, de presión exacta, deja en el papel una huella leve, perceptible al tacto atento, como vestigio del oficio tipográfico llevado a su extremo.
Tirada limitada y numerada, destinada a lectores que conciben el libro como artefacto total, «El lógico de la morgue» se presenta aquí no solo como texto, sino como pieza, donde la inteligencia analítica y la materialidad del volumen convergen en una experiencia de lectura rigurosa, lenta y esencial.
