Estuve hojeando esta tarde a algunos autores queridos. Por ejemplo a Vicente de Beauvais, fraile dominico, teólogo y enciclopedista francés, considerado uno de los grandes compiladores del saber medieval. Es autor del monumental «Speculum maius», una de las primeras enciclopedias sistemáticas de Occidente y una referencia intelectual del siglo XIII.
El «Speculum maius» no es una obra de invención, sino de recepción organizada. Su mérito no reside en la originalidad —categoría ajena al espíritu del siglo XIII—, sino en la capacidad de disponer el saber heredado de tal modo que pueda ser transmitido como una totalidad inteligible. Vicente no piensa en términos de creación individual, sino de continuidad intelectual: su obra es un punto de convergencia donde la tradición se hace visible como sistema. En este sentido, el enciclopedista medieval no añade tanto conocimiento como forma al conocimiento existente, y esa forma es ya, en sí misma, una contribución decisiva.
Para Curtius, las grandes compilaciones medievales, como el «Speculum maius», pertenecen a una tradición en la que la literatura no se concibe como expresión individual, sino como archivo de la memoria cultural. Vicente de Beauvais no escribe para distinguirse, sino para conservar. Su obra es una vasta red de citas en la que cada autoridad encuentra su lugar dentro de un orden superior. Lo que a la sensibilidad moderna puede parecer monotonía o acumulación indiscriminada es, en realidad, una forma de fidelidad: fidelidad a la idea de que el saber humano es esencialmente transmisible y que su valor reside en su permanencia.
Según Le Goff, Vicente de Beauvais encarna una de las ambiciones más características del siglo XIII: la de reunir el mundo en un libro. Su «Speculum» no es solo una suma de saberes, sino un intento de domesticar la proliferación del conocimiento mediante el orden. En una época en la que las escuelas y las universidades multiplicaban los textos, la enciclopedia aparece como una respuesta a la ansiedad de dispersión. Vicente ofrece al lector medieval la ilusión —y en parte la realidad— de que el universo puede ser abarcado, reflejado y, por tanto, comprendido en su conjunto.
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Sobre la abundancia de libros nuestro autor-inspirándose en Séneca- escribe:
“Multitudo librorum non semper scientiam parit, sed saepe confusionem; nisi lector habeat iudicium quo discernat quid sit eligendum, quid vitandum.”
“La multitud de libros no produce siempre conocimiento, sino a menudo confusión; a menos que el lector tenga juicio para discernir qué debe elegir y qué evitar.”
Y sobre la función de compilar libros (la verdad es coral):
“Compilare ex multis utilius est quam novum ex se ipso fingere, si fideliter fiat: quia veritas magis invenitur in testimoniis multorum quam in opinione unius.”
“Compilar a partir de muchos es más útil que inventar algo nuevo por uno mismo, si se hace con fidelidad: porque la verdad se encuentra más en el testimonio de muchos que en la opinión de uno solo.”
Aunque recuerdo especialmente este pasaje:
“Legendum est cum iudicio et ordine, ut non solum multa percurrantur, sed utiliter retineantur. Nam indiscreta lectio magis confundit quam instruit.”
“Debe leerse con juicio y orden, de modo que no solo se recorran muchas cosas, sino que se retengan con provecho. Pues la lectura indiscriminada confunde más de lo que instruye.”
NOTA BENE: Vincentius Bellovacensis, «Speculum doctrinale», lib. XVII, in «Speculum quadruplex», Graz, 1964–1965 (repr. Douai, 1624)
