Tentativas 54

Athanasius Kircher escribió, profético: «Malum, si rite intelligatur, non est oppositum bono, sed eius umbra necessaria; hic liber umbram in lucem convertit.», «El mal, si se comprende correctamente, no es lo opuesto al bien, sino su sombra necesaria; este libro [se refiere a un futuro libro rodeado de oros] convierte la sombra en luz».

En su obra «Mundus Subterraneus», refiere que, bajo un volcán, se encuentra un libro impreso sobre un papel de tina extraordinariamente denso, de tono marfil profundo con ligeras vetas ambarinas y encuadernación en piel oscura —no negra, sino de un marrón abisal con reflejos metálicos—, que está recorrida por bordados dorados que no responden a un motivo ornamental reconocible, sino a una suerte de cartografía simbólica: líneas sinuosas que se cruzan, se anudan, se interrumpen y reaparecen, como si trazaran el mapa de galerías invisibles. El oro no brilla de forma uniforme; en ciertas zonas parece apagarse, en otras concentrarse con una intensidad casi líquida, produciendo la impresión de un movimiento detenido.

Disculpen el barroquismo en la descripción. Me mimetizo con nuestro gran jesuita.

¿Se trata ese brillante libro del libro de Samanta Schweblin? El dictamen del doctor Ignaz von Pleyer (1813–1871), médico paracelsiano, natural de Linz, autor del tratado «De Libris Subterraneis et Morbis Imaginariis» (Viena, 1859), confirma la hipótesis.

NOTA BENE: Disculpen la fatigosa erudición.

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