Tentativas 55

Irene Montero, fascinación muy próxima al deseo, y alejada de la mera adhesión. Su figura pública -como Ayuso- no me persuade, sino que me envuelve con intensa voluptuosidad. Esa seducción de la tersura irregular y ambigua de un fruto. Y los labios cuidadosamente delineados con carmín escarlata, vibrando levemente con humedad brillante.

Me gusta cómo se mueve, cómo habla, cómo ocupa el espacio. Uno se sorprende atendiendo no a lo que dice, sino a cómo se desplaza dentro de lo que dice. La política, entonces, deja de ser una cuestión de ideas y se convierte en una euritmia. Y el espectador se descubre, en realidad, siguiendo ese ritmo, casi sin querer.

Je n’ai jamais été aussi amoureux d’une fille aussi charmante et un peu sotte.

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