Tentativas 57

Freud, con acendrado sentido común, obsevó que los hombres no son criaturas apacibles, necesitadas de amor, que solo se defienden si se les ataca; al contrario, cuentan entre sus disposiciones instintivas con una buena porción de agresividad. Una agresividad que es una inclinación instintiva autónoma, originaria, que constituye el mayor obstáculo para la cultura. La cultura, insiste el vienés, se ve obligada a realizar enormes esfuerzos para poner límites a las tendencias agresivas del hombre mediante la interiorización de esa agresión. Pero esa represión no elimina la pulsión: la desplaza, la transforma, la acumula.

Nunca deberíamos olvidar el lema de Carl von Clausewitz acerca de que la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios. En su tratado clásico «De la guerra», La Esfera de los libros, escribe en la página 53: «En la guerra se entrelazan tres tendencias: la violencia original de su elemento, el odio y la enemistad; el juego del azar y la probabilidad; y su carácter de instrumento subordinado a la razón política. Estas tres tendencias están profundamente arraigadas en la naturaleza humana y no pueden ser eliminadas».

La violencia es uno de los elementos que gobierna nuestra naturaleza. La vida es esencialmente un campo de batalla. Demasiados hombres buscan necesariamente la resistencia, el peligro, el enemigo; y donde no lo encuentran, lo crean. Para nuestro oprobio, la guerra y la crueldad han sido siempre los grandes educadores de la humanidad. Mientras la naturaleza humana no cambie, el peligro de la guerra seguirá existiendo. No hay nada excepcional en la violencia colectiva: es la convergencia de mecanismos ordinarios del cerebro humano.

El gran biólogo Edward Wilson lo expresa con claridad: «La guerra, en el contexto evolutivo, no es una aberración cultural, sino una consecuencia recurrente de la forma en que la evolución ha moldeado nuestra sociabilidad. Somos, al mismo tiempo, la especie más altruista y la más destructiva».

Los seres humanos poseen múltiples sistemas psicológicos que pueden conducir a la violencia: la dominación, la venganza, el sadismo, la ideología. La paz no es el estado natural de la humanidad, sino un logro histórico muy frágil que requiere instituciones, normas y autocontrol. Sin estos frenos, las tendencias violentas pueden reaparecer con rapidez.

Las mazas, el inevitable lenguaje de los hombres.

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