Tentativas 58

Recomiendo la lectura u ojeo de: Stevenson, William D. Jr. «Elements of Power System Analysis». New York: McGraw-Hill, 1975. Y también: Portero Rodríguez, Juan José. «Líneas de alta tensión: ingeniería técnica industrial». Cartagena: Universidad Politécnica de Cartagena, 2009. Cubren el cálculo mecánico de apoyos (torres), el efecto corona, las cargas, las normativa y el diseño estructural. Ante las ilustraciones, ante tal irradiación de belleza de las torres eléctricas uno se queda boquiabierto y solo puede exclamar como San Buenaventura: “Pulchritudo est splendor formae super partes materiae proportionatas”, «Itinerarium mentis in Deum», II. “La belleza es el esplendor de la forma sobre las partes de la materia proporcionadas”.

También es apasionante la lectura de -escrita con una prosa de relojero prístina-: Vavilov, Nikolai I.: «The Origin, Variation, Immunity and Breeding of Cultivated Plants». Waltham, MA: Chronica Botanica, 1951. Una obra fundamental sobre el origen y la variedad del trigo.

Y, en un campo donde existe muy poca bibliografía, lean, si les apetece: Hoare, Syd. «A History of Judo». Yamagi Books, fecha variable. Obra de referencia histórica que intenta reconstruir el desarrollo del judo no solo como deporte, sino como fenómeno cultural, pedagógico y filosófico. El núcleo del libro es la interpretación de Kano: Seiryoku zen’yō (máxima eficiencia) y Jita kyōei (prosperidad mutua)

Me cuenta un amigo librero que, entre los pedidos por Internet, un día se contó uno de los libros más aburridos con los que se topó en mucho tiempo: «British Transport Film Library Catalogue since 1966» [Catálogo de películas sobre el trasporte público desde 1966] En sus páginas se incluyen títulos tan apasionantes como AC electric locomotive drivers procedures [Manual del maquinista de locomotoras eléctricas por corriente alterna], Service for Southend [Con servicio a Southend] y Snowdrift at Bleath Gill [Acumulaciones de nieve en Bleath Gill] Pese al sentir general, me comentaba, de que los libros sobre trenes son extremadamente aburridos, se encuentran entre los más vendidos en su tienda. Sus compradores son siempre hombres y la mayoría luce barba. Suelen ser clientes de lo más afables, quizá por el alborozo que sienten al descubrir el tamaño de la sección de libros sobre trenes en la librería de mi amigo, que comprende unos mil títulos.

Flaubert capta muy bien ese carácter del libro raro como objeto fuera del tiempo. Así nos dice: “Me gustan los libros extraños, raros, difíciles, aquellos que nadie lee. Hay en ellos un perfume particular, algo de moho y de eternidad, como si hubieran sido escritos para un lector que aún no ha nacido. Los libros comunes envejecen; los raros permanecen en suspenso”.

Hay una idea inquietante. La búsqueda supera a la lectura. El verdadero bibliófilo no ama los libros por su utilidad, sino por su rareza. El libro más precioso no es el que se lee, sino el que se busca. La posesión de un libro raro produce una emoción que la lectura rara vez iguala.

Es una fiebre que no conoce límites.

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