Tentativas 64

(De risu III)

«Nada hay más contrario a la sabiduría que la gravedad afectada. Me gusta una cabeza bien hecha, pero no tensa. La risa, cuando es libre, no ofende a la razón, sino que la acompaña. Es señal de que el espíritu no se ha endurecido en opiniones inamovibles. Reírse de uno mismo es la más alta forma de juicio: quien puede hacerlo ha aprendido ya a no tomarse por el centro del mundo», Montaigne.

«Si quitáis del mundo la risa, ¿qué queda sino una severidad insoportable? Yo, la Locura, he concedido a los hombres este don: poder ver sus propias necedades sin desesperar por ellas. Porque la risa no destruye la verdad, sino que la hace soportable. Gracias a ella, los hombres toleran sus errores, sus ilusiones, sus vanidades. Y en esa tolerancia reside, quizá, una forma de sabiduría», Erasmo de Rotterdam.

«Yo no creería sino en un dios que supiera bailar. Y cuando vi a mi demonio, lo encontré grave, profundo, solemne: era el espíritu de la pesadez. No con la cólera, sino con la risa se mata. Aprended a reír más allá de vosotros mismos: esa es la única victoria», Nietzsche.

«La risa es un gesto social. Castiga la rigidez allí donde la vida exige flexibilidad. Nos reímos del hombre que se automatiza, que se vuelve mecánico en sus gestos, en sus ideas, en su carácter. La risa lo corrige, lo despierta, lo devuelve a la movilidad de la vida», Bergson.

«La raza humana posee un arma verdaderamente eficaz: la risa. Contra el asalto de la indignación, la risa se defiende mejor que la furia. Desarma al adversario, lo vuelve ridículo, y al mismo tiempo nos libera de la tentación de tomarnos demasiado en serio», Mark Twain.

«Prefiero a quien puede reírse de sí mismo que a quien jamás se equivoca. Hay en esa risa una indulgencia que hace habitable el mundo. Sin ella, la vida sería una serie de juicios sin apelación», Charles Lamb.

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