Tentativas 67

Debido al abuso de los ansiolíticos para amortiguar el efecto tan molesto e incapacitante de los ataques de angustia, ahora noto como si el mundo hubiera perdido filo y relieve: desapereció la urgencia más ansiosa, pero las cosas perdieron su vivacidad. Como si me hubiera tomado cuatro whiskis concentrados en las gotas. Cedió la profundidad emocional. Hay un estado más plano y menos vibrante. Ahora define mi sensibilidad la apatía.

El residuo post-crisis es de una fatiga y fragilidad extremas. Queda un estado de agotamiento; de alguna manera es casi como si te hubieran molido a palos. No estás en crisis, pero tampoco estás bien. Estás cansado, tembloroso. Una sombra que no es tormenta, pero tampoco calma.

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