Tentativas 68

Con papá, en la mesa de juegos de caoba negra pulida con su tapete verde manzana, jugaba al ajedrez. En el tablero, en los escaques, alternaban simétricamente luces de mediodía y negruras de invierno, alternancia rigurosa de claros y oscuros. Pequeño mundo ceremonial de leyes inmutables.

Mi padre era un gran jugador. Movía la reina con retórica ciceroniana, los saltos de los caballos eran de jinetes jenízaros, las torres describían líneas de fuerza como falanges romanas. Qué maravilla ver lo largo y ancho de su inteligencia a través de las piezas.

Cuando, a partir de los diez u once años, empecé a ganarlo, nunca más quiso jugar conmigo.

Deja un comentario