Apenas duermo. El insomnio no es simplemente la incapacidad de dormir, sino una tortura sostenida. Las horas se alargan con una elasticidad monstruosa, y la mente, privada de alivio, se ve obligada a contemplarse a sí misma sin descanso. Es un estado de exposición total, sin refugio. Convierte la noche en un laboratorio de desesperación. El cuerpo está exhausto, pero la mente permanece en alerta. La privación de sueño no solo agrava la esquizofrenia: la deforma, la intensifica, la vuelve más cerrada sobre sí misma. No dormir es no poder escapar de uno mismo. Mientras otros se entregan al olvido nocturno, el insomne permanece condenado a la repetición, a la maquinaria de su pensamiento, que gira sin producir nada salvo desgaste.
