Las plantas no curan en sentido quirúrgico, pero restablecen una homeostasis lenta, lo que puede venir bien para algunos «males de los nervios» como la excitación excesiva, la sensibilidad exacerbada o el insomnio.
En el «Dioscórides renovado», de Pius Font i Quer, se dice a propósito de la melisa: «Planta cordial y suavemente sedante, muy usada en las perturbaciones nerviosas ligeras. Se recomienda en los desasosiegos, en la tristeza sin causa, en los espasmos digestivos de origen nervioso. La melisa reconforta el ánimo y modera la excitabilidad, siendo de gran utilidad en las personas de temperamento delicado o impresionable».
También habla de las virtudes calmantes y sudoríficas de la tila, del uso como sedante y para ciertas formas de neurastenia de la pasiflora, o de la administración en infusión o tintura de la valeriana, perfecta para casos de histeria, trastornos del sueño, y en aquellos nervios alterados por la fatiga o la emoción.
***
Asimismo en «Cunningham’s Encyclopedia of Magical Herbs», de Scott Cunningham, leemos: «La carne de la ardilla voladora, especialmente su paracaídas cutáneo, mezclada con la carne de esa ardilla listada que los tungeses llaman «ulbuki» y los tártaros «rugerie», y cocinada con amapolas así como con flores altaicas, alivian estados maníacos y alucinaciones visuales».
Sin duda estas son falsas ideas chamánicas de mero tambor y campanilla.
