Rosa, flores solitarias o en inflorescencias corimbosas o paniculadas, actinomorfas, generalmente pentámeras. Sépalos persistentes o caducos, enteros o pinnatífidos, a menudo reflejos en la fructificación. Pétalos libres, de color blanco, rosado o rojizo, raramente amarillentos. Hipanto (receptáculo) urceolado a globoso, carnoso en la madurez, formando el cinorrodón. Estambres numerosos; carpelos múltiples, libres, incluidos en el hipanto. Fruto compuesto (cinorrodón) conteniendo aquenios (núculas) rodeados por pelos rígidos.
La rosa como modelo de prosa —precisa en su estructura, exuberante en su manifestación. La belleza aquí no es accidente, sino obediencia: la rosa es bella porque no puede ser de otro modo. Y así ocurre con toda prosa noble: debe crecer, no ser ensamblada; desplegarse, no ser ordenada artificialmente. Donde hay exceso, hay decadencia; donde hay medida, hay vida.
Como sugirió Proust: «Ce que je croyais d’abord simple devenait complexe, et cette complexité n’était pas désordre, mais organisation secrète. Ainsi en est-il du style: il ne simplifie pas le réel, il en révèle la complication essentielle.”
