Tentativas 87

Hay lectores que leen libros; otros, más raros, leen bibliotecas. Estos últimos viven en una tensión perpetua entre el deseo y la imposibilidad. Saben que no alcanzarán nunca a leerlo todo, y sin embargo continúan acumulando, como si en esa proliferación residiera una forma de consuelo contra la finitud, nos señala Manguel.

El coleccionista de libros habita una locura dulce: rescata fragmentos de la historia para impedir que el tiempo los devore. Cada biblioteca privada es un pequeño acto de resistencia contra el olvido. Hay algo de náufrago en quien reúne libros: construye su isla con palabras, rodeado de voces que le impiden sentirse solo.

El ex libris es una declaración de propiedad que roza lo mágico: como si nombrar el libro bastara para retenerlo. Pero todo coleccionista sabe, en el fondo, que su biblioteca le sobrevivirá y que esas marcas no son más que notas al margen en la historia anónima de los libros.

El bibliómano verdadero desarrolla una sensibilidad extrema hacia los enemigos del libro. El polvo, si bien inevitable, debe ser combatido con diligencia; la humedad, en cambio, debe ser temida como una plaga. He visto bibliotecas enteras arruinadas no por el descuido manifiesto, sino por esa infiltración lenta y traicionera que hincha el papel y desfigura las encuadernaciones hasta volverlas irreconocibles.

Deja un comentario