Tentativas 90

(El lujo de la mente)

Cuando las imágenes, en apariencia caóticas, encuentran de pronto una organización coherente. Momento que no es el resultado de un razonamiento consciente paso a paso, sino de una incubación inconsciente prolongada, en la que la mente trabaja silenciosamente. La lógica interviene después, no para descubrir, sino para justificar.

El lujo de ese pensamiento que no se satisface con la verdad inmediata: exige relaciones, correspondencias, simetrías, patrones. Allí donde otros ven meros hechos, atreverse con advertir estructuras. Una disciplina de la atención: una manera de sostener las ideas sin dispersión, de llevarlas hasta sus últimas consecuencias sin ceder a la fatiga o al desorden.

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Siempre una mente ordenada. Que martillee exactitud y paciencia. Con atención extrema al mundo y el lenguaje. Un instrumento de sensibilidad aguda, fresca, organizada, capaz de registrar las variaciones más sutiles. No utilizar palabras, vivir en ellas. Pensar y analizar lo que se piensa, sentir y analizar lo que se siente. Pensar con coherencia.

La mente lúcida, viperina y fulminante de Quevedo. La lapidaria y desconfiada de Gracián. La abisal e inevitable de Gauss. La vertiginosa y combinatoria de von Neumann.

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